viernes, 17 de enero de 2014

La historia de la ópera se remonta al siglo XVI, cuando en Italia las familias nobles mezclaron los cantos sagrados, las danzas tradicionales y las comedias en carnavales o fiestas privadas. No fue sino hasta el siglo XVII cuando los italianos, buscando restaurar en las comedias griegas el importante papel del coro, comenzaron a presentar obras en las cámaras de los príncipes. La primer opera considerada como tal fue L’ Orfeo de Monteverdi.
Las primeras óperas daban preferencia a la voz y la música que a la narración de una historia, pero conforme fue evolucionando y extendiéndose por Europa (en donde fue muy bien recibida) comenzó la época conocida como del Bel canto. Éste floreció a principios del siglo XIX, siendo ejemplificado por las óperas de Rossini, Bellini, Donizetti, Puccini, Mercadante y muchos otros. «Bel canto», en italiano, significa «canto bello», y la ópera deriva de la escuela estilística italiana de canto del mismo nombre. Las líneas bel cantistas son típicamente floridas e intrincadas, requiriendo suprema agilidad y control del tono.
Las óperas tienen diversos temas y pueden ser desde comedias frívolas para apreciar las voces hasta historias
Una de las más famosas y bellas óperas es Rigoletto, un drama que narra el conflicto entre libertinaje y familia, el amor filial y el romántico. Esta aria se destaca por la brillantez de su expresión, por la alegría de su música y la claridad de sus voces.
Questa o quella per me pari sono
a quant’ altre d’ intorno mi vedo,
del mio core 1’impero non cedo
meglio ad una che ad altre belta
La costoro avvenenza è qual dono
di che il fato ne infiora la vita
s’ oggi questa mi torna gradita
forse un’ altra doman lo sarà.
La costanza tiranna del core
detestiamo qual morbo crudele,
sol chi vuole si serbi fedele;
Non v’è amor se non v’è libertà.
De’ i mariti il geloso furore,
degli amanti le smanie derido,
anco d’ Argo i cent’occhi disfido
se mi punge una qualche beltà.

Traducción
Esta o aquella para mí son iguales
a cuantas veo a mi alrededor;
no cedo el dominio de mi corazón
a una belleza más que a otra.
El encanto de cada una es el don
con que el destino nos alegra la vida;
y hoy ésta es de mi agrado,
quizás otra lo sea mañana.
La constancia, tirana del corazón,
la odio como a una cruel enfermedad;
manténgase fiel sólo quien quiera;
no hay amor sin libertad.
Me burlo de los maridos celosos,
y del frenesí de los amantes,
desafío incluso los cien ojos de Argos,
cuando me excita cualquier belleza.

Ramírez Domínguez Ana Cristina


Canción tomada de yvonnedesire

No hay comentarios.:

Publicar un comentario